Fuente de Navarrería
Imagina a un rockero melenudo de los años 80 a puntito de tirarse desde el escenario a los brazos de sus fans, que le gritan como locos. Bien, ahora cambia el escenario por una fuente y al rockero melenudo por un joven (a menudo guiri) con bastante alcohol en el cuerpo. Ver a la gente tirarse de la fuente de la calle Navarrería es un espectáculo que ningún pamplonica se pierde el día 6 de julio.
Así, la calle se convierte en un ir y venir de gente que, según busca seguir la parranda, hace un alto en el camino para ver este curioso ritual. Pero es que, aunque quizá a quien se tire no se le pueda pedir que razone demasiado, hay que advertir que esta costumbre es muy peligrosa. La altura de la que se salta es más que considerable, y aunque misteriosamente casi nunca pasa nada, no sería extraño que alguno se partiera la crisma con la tontería. Luego tendremos el morro de ir diciendo por ahí que los niños pequeños son unos suicidas que no perciben el peligro, pero es que se ve que de mayores tampoco mejoramos. Con una pequeña diferencia: los críos soportan las caídas como si fueran de goma.
Hay que aclarar también, que el saltador no es el único que lleva alguna copita (o incluso katxi) de más, sino que aquellos que están debajo animándole a saltar, tampoco van muy sobrios que digamos. Y es que hay que estar algo pedo o ser demasiado inocente para creer que si te cae un tipo de unos 80 kilos encima lo vas a parar así como así. En el mejor de los casos, te hará "poco" daño.
Podríamos intentar dar mil consejos sobre cómo disfrutar del pasatiempo de tirarse de una fuente de la forma más segura, pero es que no existe forma segura. Podríamos decir que hay que saltar con sentido común, con cuidado y demás, pero habernos animado a hacer el kamikaze de esta forma indica que el sentido común y el cuidado nos los hemos dejado en casa. Es peligroso y en Sanfermines también existen las malas caídas, ninguno de nosotros es un trapecista del Circo del Sol entrenado en caer con estilo. De todas formas, conviene matizar que no es lo mismo un salto masculino que uno femenino. La seguridad del salto es mayor cuando quien se tira es una chica, y mayor aún si la chica es mínimamente agraciada, ya que el número de manos a la espera de frenar (y sobre todo tocar) a la moza se multiplicará como por arte de magia.
No se sabe quién o quienes se sacaron de la manga esta tradición, pero está claro que o no le tenían mucho aprecio a la vida o todo fue una apuesta de las de "a que no hay huevos..." Y por lo visto los hubo, y los sigue habiendo porque el día 6 aún hay pirados que mantienen viva esta arriesgada tradición, demostrando que una vez más que lo que no te encuentres en Sanfermines...
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