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    Monumento a Hemingway

    La capital de Navarra es una ciudad de casi 200.000 habitantes. Situada en la zona norte de España, es una ciudad tranquila en la que vivir, pero que cada 6 de julio se desmadra para dar paso a los 9 días más caóticos que se pueda uno imaginar. Y es que choca bastante pensar que exceptuando la semana de San Fermín, Pamplona es una ciudad de lo más tranquila, no hay grandes juergas ni es habitual encontrarse con movidas. Por lo tanto, sería conveniente recomendar a nuestros visitantes que si se quiere conocer la ciudad como tal, es mejor adelantarse unos días a los Sanfermines ya que una vez se produzca el chupinazo, cualquier parecido entre la Pamplona habitual y la sanferminera será pura casualidad.

    Se trata de una ciudad con mucha historia, que puede verse perfectamente a través de algunos de sus lugares más emblemáticos, como la ciudadela, que durante las noches de San Fermín reúne multitudes dispuestas a ver los fuegos artificiales.

    Por otra parte, Pamplona también cuenta con muchas zonas verdes, parques y jardines donde sentarse a charlar los amigos, siempre y cuando haga buen tiempo. El Ayuntamiento trata cada año de poner a punto la ciudad para la llegada de los visitantes en San Fermín, pero el problema es que poner bonitos los jardines es algo que francamente, acaba siendo inútil. Las flores y las plantas que adornan las rotondas y los jardines del centro de la ciudad duran básicamente un día, en el que se les hace la foto. A partir de entonces, una marea humana de gente vestida de blanco y rojo arrasará cualquier tipo de superficie, como si fuera el caballo de Atila, ya que al menos por un tiempo no volverá a crecer hierba en el lugar. Bueno, ni hierba ni nada de nada. Además, a la noche los hierbales son vistos como camas de hoteles de lujo, ya que es prácticamente imposible encontrar una pequeña parcela que no esté ocupada por un guiri que esté echando una cabezadita para reponer fuerzas.

    Y esto no es lo más raro que hacen los visitantes que llegan a Pamplona en Sanfermines, ya que viendo algunas conductas uno podría pensar que Pamplona es la ciudad sin ley. No lo es, ni fuera ni dentro de los Sanfermines, aunque durante las fiestas algunos comportamientos puedan ser perdonables. Un pamplonés sabe que no es normal subirse a una fuente para saltar desde ella a ver si le cogen, pero resulta que esto para los guiris es la repanocha.

    Lo que si gusta mucho entre los habitantes de nuestra ciudad es el hecho de vestir con el típico blanco y rojo, e incluso hay gente que ya desde mediados de junio está impaciente por ponerse el pañuelico.

    Nuestra ciudad puede tener sus defectos como cualquier otra ciudad, pero obviamente también sabemos que tiene muchas virtudes. Si tuviéramos que escoger una sería la siguiente: Pamplona es acogedora. Una ciudad pequeña pero en la que no falta nada, con lugares para descansar y relajarse o infinidad de sitios y locales que desprenden cultura y tradiciones. En definitiva, una ciudad que, quien no tenga la suerte de vivir en ella, no puede dejar de visitar. Y si a esto le añadimos las mejores fiestas del mundo… 

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